Saltar al contenido
Terapias.Online

Análisis transaccional

3 estados del yo

Si quieres volverte un experto en terapias psicológicas, haz click en el enlace de debajo:

Inicio << Psicoterapia << Análisis transaccional

¿Qué es el análisis transaccional?

El análisis transaccional (AT) es un tipo de terapia social que trabaja sobre la personalidad y las relaciones humanas. Sigue una clara dirección hacia el crecimiento y cambio personal.

Gracias a esta terapia, comprenderemos la manera en la que nos relacionamos con los demás y qué es lo que buscamos en nuestras relaciones, cuáles son las raíces profundas que nos llevan a reaccionar de la misma manera repetidamente.

Vamos a ganar conciencia y a sentir lo qué ocurre en nuestro interior, conocer nuestras necesidades, nuestros deseos y descubrir nuestras metas (propias).

De alguna manera, vamos a evolucionar, a convertirnos en líderes de nuestra vida. Aprenderemos a actuar y a tomar iniciativa para así cambiar nuestra forma de relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.


Su creador, Eric Berne, asentó este análisis sobre una serie de principios que debemos tener claros antes de comenzar. Junto con sus fundamentos, os compartiré también sus metas:

Principios del AT

  • Él decía que todos nacemos bien. “Todos nacemos príncipes y princesas”, pero es al relacionarnos con los demás cuando elegimos tomar decisiones que nos limitan y nos llevan a convertirnos en “sapos y ranas”.
  • Tenemos dos tipos de potenciales. Uno determinado por la genética, salud, entorno social, nuestro origen y procedencia… Y otro, el llamado potencial humano, sobre el que tenemos control y que podemos desarrollar.
  • Cualquier limitación externa que influya sobre nuestro potencial, además de las propias limitaciones internas, que elegimos a una temprana edad, dan lugar a la infelicidad y a la incapacidad de mostrar nuestras habilidades personales y resolver problemas (patología).
  • Toda persona dispone de los recursos necesarios para cambiar y ganar autonomía. Recursos tanto personales como relacionales, por lo que siempre podemos tomar nuevas decisiones que nos potencien en todos los niveles.

Metas del AT

  • Tomar consciencia. Debemos desarrollar la capacidad de distinguir lo que es fantasía (nuestra “realidad interna”) de lo que es real. Normalmente proyectamos nuestra perspectiva subjetiva hacia fuera (creencias sin sentido, significados equívocos a situaciones). Esto da lugar a grandes limitaciones.
  • Ser espontáneos. Ser capaces de expresar nuestros propios pensamientos, sentimientos y necesidades, además de actuar en consecuencia. Esto supone vivir de acuerdo a nuestros ideales y en congruencia con nosotros mismos. Algo que muchas veces no somos capaces de manifestar y nos hace vivir en un conflicto continuo.
  • Intimidad. Es importante que nos permitamos abrirnos a otra persona sin tapujos. La cercanía y la proximidad, además del propio hecho de ser auténticos y recibir lo mismo de quien tenemos delante es vital.

Conceptos clave del análisis transaccional

Ahora vamos a conocer los puntos en los que nos vamos a centrar y sobre los que vamos a trabajar. Este tema es muy interesante, pero tiene tela, así que lo voy a resumir un poco:

Los 3 estados del “yo”

Según Berne, estos 3 estados, representan un sistema de emociones y pensamientos, acompañados de ciertos patrones afines a cada uno de ellos. Los estados del “yo” son:

Padre

Lo representarían los sentimientos, actitudes, y pautas similares a las de la figura paternal.

En este estado, podemos tener comportamientos extraídos de otro padre de nuestro entorno familiar, social, cultural…

De nuestros padres (o referentes) aprendimos lo que está bien y mal, la “correcta” forma de vivir y en qué debemos creer. Todo esto está grabado a fuego en tu interior. Como nos trataron así somos…

La naturaleza del padre se rige por la norma o la prohibición, siempre justificando sus acciones.

Cuando sale nuestro “yo padre” a la luz, usamos frases llenas de estereotipos, refranes, órdenes… Nuestro tono de voz es fuerte, puntualizamos. Usamos gestos como el de apuntar con el dedo, aprobar con la cabeza… Corporalmente y gestualmente podemos poner nuestras manos sobe las caderas, fruncir las cejas… Además nuestras miradas serán intensas, envolventes, de culpabilidad hacia otros…

Verbalmente escucharemos mucho: “nunca-siempre”, “de una vez por todas”, “porque lo digo yo”, “porque sí”. El lenguaje será muy condescendiente.

Adulto

Se caracteriza por sentimientos, actitudes y pautas autónomas, es decir, fruto de la adaptación a la realidad y no “copiados”. Estado racional y realista, no influenciado por el pasado. El único no dominado por emociones y reacciones automáticas.

Aquí y ahora.

En este estado analizamos y tomamos acción sin influirnos por normas o emociones. Nos enfocamos en lo que se debe y no en lo que se desea. Nuestras reacciones en esta condición son las idóneas para hacer fluir conversaciones y estar positivos, gestionar conflictos y producir bienestar.

Sincera, flexible, resolutiva, humana, respetuosa… son características de una persona cuando expresa su “yo adulto”.

Usaremos palabras y frases que expresen hechos, además de datos internos y externos. Haremos valoraciones objetivas y basadas en datos reales. Nuestros sentimientos serán auténticos, asociados a estímulos y relaciones presentes. Cada una de las acciones que tomemos serán efectivas y enfocadas a resolver situaciones. Nos sentiremos y expresaremos estar relajados, pero atentos. Nuestra cabeza dispuesta al frente, mirada discreta, voz calmada…

Verbalmente escucharemos: “yo pienso”, “yo creo”, “en mi opinión”. Lenguaje lleno de afirmaciones razonadas, comparaciones…

Niño

Nos encontraremos con unos sentimientos, actitudes y pautas extraídas de nuestra infancia. Por supuesto, este estado es diferente en cada persona. Estado impulsivo y espontáneo. Libre y natural o muy influenciado por los padres.

Cuando sale nuestra personalidad de niño, nos comportamos de manera infantil. Nos dominarán nuestros impulsos, deseos, sueños, creatividad…

Nuestro tono de voz será variable. Retraído y débil, o brillante y excitado. Haremos la burla, gesticularemos, bufaremos… En cuanto a sensaciones, notaremos nerviosismo, bienestar, picores… Además, nuestras actitudes serán informales: pies en la mesa, desaliñados… Usaremos miradas suplicantes…

Verbalmente escucharemos: “quiero esto o lo otro”, “me da igual”, “todo me sale mal”, “es el peor día de mi vida”. El lenguaje será dirigido a impresionar y cargado de superlativos.

No reprimas tu “yo niño”.

Los diálogos internos

Cuando se da una situación se generan ciertos estímulos que activan los 3 estados. Cada uno de nuestros estados dispone de diferentes recursos. Según cual elijamos, daremos una respuesta y salida diferente a una misma circunstancia.

Los tres estados se influencian entre sí. Y solo somos conscientes de ellos cuando tenemos fuertemente desarrollada la conciencia adulta, que es cuando percibimos el diálogo que se está produciendo entre nuestras partes. El resultado de este diálogo dará como resultado que uno de nuestros estados se posicione por delante del otro y responda, dando lugar a pensamientos, sentimientos y actitudes distintas, a veces incluso incontrolables e inconscientes.

Si prestamos atención a estos diálogos, obtendremos mucha información. Sabremos en qué circunstancias sale nuestro niño, padre o adulto. Y esto es vital, ya que muchas veces nuestros problemas y lo que nos lastra es, precisamente, sacar un estado desapropiado en cierto momento dado.

Existen momentos en los que nuestros estados viven en armonía, cooperando unos con otros, lo que trae como resultado una gran fuerza y coherencia interna. Pero existen muchas otras ocasiones en las que nuestros estados entran en conflicto.

Poder ejecutivo

Como ya he dicho antes, en cada ocasión va a haber un “estado del yo” controlando la situación y el comportamiento de la persona. Este es el que tiene el poder ejecutivo de la personalidad en ese momento puntual.

Si los otros estados no están de acuerdo con la forma en que el estado ejecutivo ha llevado la situación, más tarde, se producirán secuelas emocionales (culpa, resentimiento, vergüenza…) ¿Te suena?

El objetivo del análisis transaccional es conseguir lo que Berne llamaba “control social del comportamiento sintomático, impulsivo o estereotipado”. En otras palabras, busca que el control ejecutivo se encuentre en manos del adulto el mayor tiempo posible.

Adulto integrado

Se llama así a la personalidad que mantiene al frente del poder ejecutivo a su “yo adulto”.

¡ESTE ES EL OBJETIVO!

Cuando una persona funciona así, tiene en cuenta y cuida sus deseos, necesidades, emociones e ilusiones. Es realista y objetiva ante las situaciones que se encuentra, ante los efectos que sus decisiones tienen, y ante la respuesta que otras personas pueden tener. Es una persona que se dirige hacia sus objetivos (propios), sigue sus criterios (propios) y su ética (propia), siempre respetando a los demás (y a sus otros estados).

Las transacciones

Se definen como la unidad de interacción social. Es el intercambio de un estímulo y una respuesta entre “estados del yo”. Siempre necesitaremos de un estímulo y una respuesta (de otra persona), que volverá a dar otro estímulo, y así sucesivamente.

Esto nos permite analizar las transacciones sociales e internas. Descubriremos qué estados se implican más en las relaciones sociales. Por tanto, podemos ver 3 tipos de transacciones:

Las transacciones complementarias

Cuando las transacciones son complementarias, la comunicación puede seguir sin tropiezos (indefinidamente). Si el padre habla al niño, el niño responde al padre. Es decir, la respuesta es la que se espera, sigue un orden natural. Si el adulto habla al adulto, el adulto responde al adulto.

Las transacciones cruzadas

Cuando las transacciones son cruzadas, la comunicación se rompe. Un adulto habla a un adulto, pero la respuesta es la de un niño a un padre. O, un adulto habla a un adulto, pero responde un padre a un niño.

Por ejemplo: Cariño ¿sabes dónde están las llaves del coche? (adulto-adulto). Si las dejarás en su sitio, ahora no tendrías este problema (padre-niño).

Las transacciones ulteriores

Es cuando se involucran dos estados al mismo tiempo. Se envían dos mensajes a la vez, uno social-verbal y otro oculto-psicológico.

Ejemplo: ¿Dónde has dejado mis zapatos?. Los he puesto en el baño.

  • El mensaje social-verbal es de adulto-adulto, pero si le sumamos gestos, sonidos… la cosa cambia.

Ejemplo: ¿Dónde has dejado mis zapatos? (dice el marido de forma tensa y aspecto enfadado). Los he puesto en el baño (dice la mujer temblorosa, con expresión de sorpresa y mirando hacia abajo).

  • El mensaje oculto-psicológico es de padre-niño

Lo que ocurra después de esta transacción lo determinará el nivel psicológico y no el social.

Estoy seguro de que todo esto os sonará y podréis recordar mil ocasiones en las que sacasteis al niño cuando hacia falta un adulto o a un padre cuando era el turno del niño, dando lugar a discusiones o situaciones de las que luego os arrepentisteis.

Empezar a conocer qué partes de nosotros salen en ciertas circunstancias y entender cómo el hecho de trabajarlo puede dar lugar a vivir en equilibrio y satisfechos de cada aspecto de nuestra vida es realmente importante.

Análisis transaccional
5 (100%) 1 vote